criptozoologia

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El insecto más grande del mundo mide 56,7 centímetros

La nueva especie de insecto que presentó recientemente el Museo de Historia Natural de Londres es el insecto más grande del mundo, con una longitud total de 56,7 centímetros, casi la misma que un brazo humano, el Phobaeticus chani, es un insecto palo descubierto en Borneo y arrebata con su mas de medio metro de largo el record anterior de tamaño también perteneciente a un insecto palo, el phobaeticus kirbyi, que medía 2,9 centímetros



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Un pez con cara humana

Seúl, Corea del Sur (RCN) – El extraño hallazgo es el resultado de una inseminación artificial de una carpa y un pez "ayu".

El día diecisiete de marzo del 2003 en Hartsville, un niño de ocho años fue a pescar por primera vez en su vida con su abuelo a un lago del sur de Carolina, allí juntos hicieron la captura del siglo - Un pez con cara humana !.



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Lobo Marsupial - Thylacine


El Lobo Marsupial o Thylacine, antes de su supuesta extinción - el último ejemplar murió en el zoo de Hobart, capital de Tasmania en 1936-, este pariente carnívoro de los canguros, que habitaba en los bosques de la isla de Tasmania, en Australia y Papua-Nueva Guinea fue debidamente estudiado y clasificado por los zoólogos

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Tiburon Serpiente


En Agosto de 1880, S. W. Hanna pescó un extraño pez en New Harbor, Maine( USA). Tenía un cuerpo alargado de casi 8 metros de longitud, 25 cm de grosor y una cabeza aplanada. Su pequeña boca, llena de dientes afilados, estaba situada en el extremo de la cabeza, su piel era rugosa como la de los tiburones y, además, el animal poseía un par

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Sirenas


Los navegantes de la Europa medieval enumeraban serpientes gigantes, pulpos capaces de devorar barcos y tripulaciones completas, seres fantásticos, entre los que las SIRENAS, ocuparon un lugar preponderante en el imaginario colectivo de esos días.

Entrando en el siglo XVI, periodo de mayor trafico marítimo entre Europa y América


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El monstruo del Lago Ness


Cuando el comandante Gould investigó por primera vez las observaciones sobre el "monstruo" del lago Ness, en 1933, debía limitarse a valorar exclusivamente las declaraciones de los testigos.

Aunque recomendó el uso de la fotografía para una investigación más activa del fenómeno, Gould se dio cuenta de que sería imposible lograr una identificación positiva únicamente por este método.

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